Cuando pensamos en acudir a una sexóloga o empezar una terapia sexológica individual, es fácil imaginar que hay que tener un “problema sexual” muy concreto.: dificultades con el deseo, el orgasmo, la erección, dolor durante las relaciones sexuales…
Y sí, por supuesto, todo eso puede llevarnos a una consulta de sexología.
Pero la sexología se ocupa de bastante más.
A consulta también llegan personas que quieren comprender mejor su relación con el deseo o con el placer, que sienten vergüenza o inseguridad alrededor de su sexualidad, que están atravesando cambios corporales o vitales, que se están haciendo preguntas sobre su orientación o su identidad, que quieren revisar la educación sexual que recibieron o que sencillamente sienten que algo en su manera de vivir la sexualidad no les está haciendo bien.
A veces existe una dificultad muy concreta.
Otras veces la pregunta es bastante más difícil de formular.
Y no hace falta tenerla perfectamente formulada para pedir ayuda.
Entonces, ¿qué hacemos las sexólogas?
La consulta sexológica es un espacio profesional de conversación, para la evaluación, orientación y asesoramiento en cuestiones relacionadas con la sexualidad.
La sexología no se ocupa únicamente de las relaciones sexuales ni de conseguir que determinadas partes del cuerpo “funcionen” de una determinada manera.
La sexualidad forma parte de nuestra vida y está atravesada por muchísimas dimensiones: el cuerpo que habitamos, nuestra historia, los vínculos, la educación recibida, el género, la cultura, las experiencias que hemos vivido, nuestros deseos, nuestros límites, nuestras condiciones de vida y también los diferentes momentos vitales por los que atravesamos.
Por eso, en una consulta de sexología podemos trabajar cuestiones relacionadas con el deseo, el placer o las dificultades sexuales, pero también con la relación con el propio cuerpo y el erotismo, la vergüenza, la identidad, la orientación sexual, los modelos relacionales, las experiencias sexuales anteriores o los cambios que aparecen durante la perimenopausia y la menopausia.
Y esto es importante: no siempre hay algo que “arreglar”.
A veces el trabajo consiste en comprender qué está pasando. En cuestionar algunas ideas que hemos aprendido sobre cómo “debería” ser nuestra sexualidad. En descubrir qué queremos y qué no. En poder habitar el cuerpo de otra manera. En ampliar las posibilidades de placer o intimidad. O simplemente en disponer de un lugar seguro donde poder hablar de algo de lo que quizá nunca hemos hablado con nadie.
¿Qué diferencia hay entre ir a una psicóloga y acudir a una sexóloga?
En mi caso esta pregunta tiene una respuesta un poco tramposa: no puedo separar a la psicóloga de la sexóloga porque soy ambas cosas.
Mi formación en Psicología influye inevitablemente en cómo comprendo y acompaño las dificultades sexuales, igual que mi formación en Sexología influye en mi manera de trabajar como psicóloga.
Y esto no significa que una profesión sea mejor que otra.
La sexología es un ámbito interdisciplinar. Hay profesionales de la sexología que proceden de la Psicología, pero también de la Medicina, Enfermería, Fisioterapia, Sociología, Educación u otras disciplinas. La formación de base y la especialización posterior inevitablemente influyen en la mirada y en las herramientas de cada profesional.
También importa el modelo desde el que trabajamos.
Dos psicólogas sexólogas pueden trabajar de maneras muy diferentes si una lo hace desde un modelo principalmente conductual y otra, como es mi caso, desde un enfoque integrativo, relacional y psicocorporal.
Mi manera de trabajar en sexología
Mi formación inicial es como psicóloga y posteriormente me especialicé en terapia sexual y de pareja con perspectiva de género.
Trabajo desde una mirada integradora, humanista y psicocorporal, sensible al trauma y con perspectiva feminista, de género e interseccional.
Esto significa que cuando alguien viene a consulta con una dificultad sexual no me pregunto “qué está fallando” ni intento aplicar automáticamente una técnica para modificarlo.
Me interesa entender qué está ocurriendo y qué sentido tiene dentro de la historia de esa persona.
Puedo preguntarte por el cuerpo y sus respuestas, por supuesto. Pero también qué te sucede emocionalmente, qué experiencias ha habido, qué ocurre en tus relaciones, cómo vives el placer, qué ideas has aprendido sobre el sexo, qué exigencias aparecen, cómo te relacionas con los límites o con tu deseo y qué contexto rodea todo ello.
A veces necesitaremos trabajar más directamente con una dificultad concreta. Otras veces aparecerán cuestiones relacionadas con ansiedad, regulación emocional, vínculos, experiencias previas o relación con el cuerpo.
Y no necesariamente vamos a trabajar igual con todas ellas.
Las primeras sesiones: comprender qué está pasando
Como ocurre en mi manera de trabajar en terapia de pareja, generalmente no empezamos directamente con pautas o ejercicios.
Las primeras sesiones están destinadas a conocernos y a comprender qué te trae a consulta.
Habitualmente esta primera etapa ocupa unas cinco o seis sesiones, aunque no es una estructura rígida.
Durante ellas exploraremos aspectos como tu historia personal, afectiva y sexual; cómo has aprendido a relacionarte con tu cuerpo y con la sexualidad; qué experiencias han sido importantes; qué está sucediendo actualmente; cómo son tus vínculos y qué esperas encontrar en el proceso.
Pero las personas no llegan a consulta en condiciones idénticas.
Si estás atravesando una situación que te genera muchísima ansiedad, estás especialmente desregulada o lo que está ocurriendo necesita atención inmediata, no voy a dedicar cinco sesiones a hacer preguntas mientras espero pacientemente a que llegue “la fase de intervención”.
La evaluación y el acompañamiento pueden convivir.
La estructura está al servicio del proceso, no al revés.
La devolución: ordenar lo que hemos ido comprendiendo
Después de estas primeras sesiones suelo realizar una devolución.
Es un momento para compartir contigo cómo estoy entendiendo lo que ocurre, qué elementos pueden estar interviniendo y qué podríamos trabajar juntas.
También es una oportunidad para comprobar si mi lectura tiene sentido para ti.
A partir de ahí podemos establecer unos objetivos y una propuesta de acompañamiento. Y entonces, sí, nos ponemos al lío.
El trabajo posterior dependerá muchísimo de lo que te haya traído a consulta.
¿Qué podemos trabajar en una consulta de sexología individual?
Algunas personas acuden con una dificultad sexual bastante identificada:
- cambios o dificultades relacionadas con el deseo;
- dificultades para llegar al orgasmo;
- dificultades relacionadas con la excitación o la erección;
- dolor durante las relaciones sexuales;
- dificultades con la penetración;
- miedo, ansiedad o bloqueo ante determinadas experiencias sexuales.
Pero estas no son, ni mucho menos, las únicas razones para consultar.
También podemos trabajar sobre:
- la relación con tu cuerpo;
- tu relación con el placer y el erotismo;
- vergüenza, culpa o inseguridad relacionadas con la sexualidad;
- orientación sexual e identidad;
- cambios en la sexualidad a lo largo de la vida;
- sexualidad durante la perimenopausia y la menopausia;
- modelos relacionales y formas diversas de construir vínculos;
- dificultades para reconocer, expresar o comunicar deseos y límites;
- experiencias sexuales anteriores que siguen teniendo peso en el presente;
- educación sexual, mensajes familiares, culturales o religiosos que han influido en cómo vives tu sexualidad;
- dudas o conflictos que quizá no encajan en ninguna categoría concreta, pero que necesitas poder pensar con alguien.
La sexualidad humana es demasiado amplia como para reducirla a una lista de “disfunciones”.
No hay una sexualidad correcta a la que tengamos que llegar
Esta es probablemente una de las cosas que más me importa dejar claras en consulta.
Mi trabajo no consiste en conseguir que tengas más sexo, que desees con determinada frecuencia, que llegues al orgasmo de una manera concreta, que practiques penetración o que tu vida erótica se parezca a un modelo establecido de antemano.
Trabajo desde una mirada afirmativa de la diversidad sexual, de género y relacional. Esto significa que no tomo la heterosexualidad, la cisexualidad, la monogamia o la pareja como puntos de partida universales desde los que entender la sexualidad de las personas, ni otras orientaciones, identidades o formas de relacionarse como desviaciones de ese modelo que haya que explicar.
La diversidad no es algo que haya que corregir en consulta. Lo que sí podemos trabajar es el malestar, los conflictos, las dudas o las dificultades que una persona pueda estar viviendo en relación con su sexualidad, su identidad, sus vínculos o el contexto en el que vive.
Trabajamos desde tu realidad, tus valores, tus deseos y tus circunstancias.
Eso implica también poder preguntarnos de dónde vienen algunas de las expectativas que tenemos sobre nuestra sexualidad.
Porque a veces sufrimos por algo que nos ocurre. Y otras veces una parte importante del sufrimiento procede de pensar que no debería ocurrirnos.
Distinguir una cosa de la otra puede cambiar bastante la conversación.
¿Y si hay algo físico?
Trabajar la sexualidad desde una perspectiva biopsicosocial implica precisamente no asumir que todo tiene una explicación psicológica.
Determinadas dificultades sexuales pueden estar relacionadas con factores médicos, hormonales, farmacológicos, fisioterapéuticos o con una combinación de varios factores.
En la consulta de una psicologa – sexologa NUNCA se realizan exploraciones físicas. Si considero que puede ser útil una valoración médica, ginecológica, urológica, fisioterapéutica o de otra especialidad, podemos valorar la derivación correspondiente a otra profesional.
No todo está “en la cabeza”, pero tampoco el cuerpo, las emociones, los vínculos y el contexto funcionan como compartimentos estancos. Por eso a veces se hará necesario un trabajo conjunto.
¿Tengo que venir en pareja?
No.
Puedes acudir individualmente a consulta aunque tengas pareja o parejas.
Hay cuestiones relacionadas con la sexualidad que necesitan un espacio propio y otras que, en determinado momento, puede tener sentido trabajar conjuntamente.
Eso lo podemos valorar durante el proceso.
Tener pareja tampoco es un requisito para acudir a sexología. Tu sexualidad existe independientemente de que actualmente compartas o no tu vida erótica con otra persona.
¿Cuándo puede tener sentido acudir a una sexóloga?
No necesitas esperar a que exista una dificultad enorme ni tener un diagnóstico.
Puede tener sentido consultar cuando algo relacionado con tu sexualidad te genera malestar, curiosidad, conflicto o dudas; cuando notas que llevas tiempo intentando resolverlo sin conseguirlo; cuando estás atravesando un cambio importante; o cuando sencillamente quieres comprender mejor cómo estás viviendo esta parte de tu vida.
A veces llegamos a consulta queriendo recuperar algo.
Otras, queriendo cambiarlo.
Y otras necesitamos descubrir primero qué queremos.
Todo eso puede formar parte del trabajo.
Sexología individual en Gijón y online
Actualmente acompaño procesos individuales de manera presencial en Gijón y también online. (más info aquí)
Esta es mi manera de trabajar, construida a partir de mi formación como psicóloga y sexóloga, de los diferentes modelos terapéuticos en los que me he formado y de los años de experiencia acompañando personas. Otras profesionales pueden trabajar de manera diferente, y eso no significa que exista una única forma correcta de hacer sexología.
Para mí, lo importante es que la consulta sea un lugar en el que podamos hablar sobre tu sexualidad sin juicios, sin asumir de antemano cómo debería ser y sin separar artificialmente lo que ocurre en ella del cuerpo, los vínculos, las emociones y la historia de la persona que la vive.
Porque a consulta no viene “un deseo bajo”, “un orgasmo” o “una dificultad sexual”.
Vienes tú.
Si quieres, puedes pedirme cita aqui.
